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Alineación al centro
Más de 50 años bajo mis pies.
La piel de gallina.
Sentimientos a flor de piel.
Aire que vino, se fue, y volvió para encontrarnos.
Oxígeno puro en nuestros pulmones.
Saber que estamos vivos.
Y sobre todo, saber por qué.
Si tuviese al justo de enemigo,
sería la justicia mi enemiga.
A tu lado en el campo victorioso
y junto a ti estaré cuando el fracaso.
Tus palabras tendrán tumba en mi oído.
Celebraré el primero tu alegría.
Aunque el fraude mi espada no consienta,
engañaremos juntos si te place.
Saquearemos juntos si lo quieres,
aunque mucho la sangre me repugne.
Tus rivales ya son rivales míos:
mañana el mar inmenso nos espera.

De "Europa" 1986. Julio Martínez Mesanza.




Siempre juntos.

Cada orquídea se parece a un determinado insecto, así que el insecto se siente atraído por esa flor, su doble, su alma gemela, y no hay un anhelo mayor para él que hacerle el amor. Cuando el insecto se aleja, divisa otra flor alma gemela y le hace el amor, polinizándola, y ni la flor ni el insecto entenderán jamás el significado de este acto de amor, pero ¿cómo van a saber ellos que gracias a su danza el mundo sigue girando? Y así es, por el simple hecho de hacer lo que están llamados a hacer ocurre algo grande y magnífico. En ese sentido nos enseñan a vivir, nos enseñan que el único barómetro que tenemos es el corazón, y cuando descubres tu flor, no puedes dejar que nada te aparte de ella.



DAMERO
Los arquitectos de Uff, llevados por un escrupuloso afán de simetría, construyeron una ciudad reticulada de casas idénticas y rectas avenidas que nadie puede distinguir entre sí. A esto se le debe la espectacular incidencia de la mendicidad en Uff. Los miles de vagabundos que merodean por sus calles son, en realidad, honrados ciudadanos que una mañana salieron a trabajar y que, desde entonces, nunca han vuelto a encontrar su hogar.


DESPROPORCIÓN
Vació el bidón de arsénico en la planta potabilizadora que abastecía a toda la ciudad. Sabía que su mujer siempre bebía agua del grifo.


JARDÍN ABANDONADO
La hiedra trepa rápidamente por la fachada, gana el tejado y termina por envolver la casa hasta ocultarla a mis ojos. Para los hombres, esto ha ocurrido a lo largo de varios decenios. Yo tengo otra percepción del tiempo. Adivino cuándo ha pasado el otoño porque el jardín se ilumina fugazmente de un resplandor amarillo. todo transcurre a mi alrededor a una velocidad vertiginosa. Ignoro cuántas son las generaciones de paloma que han depositado sus excrecencias sobre mi cabeza de bronce.



LADRONES DE ARTE
Robaron todos los lienzos del Museo de Arte Conceptual y dejaron tan sólo los marcos, pero, hasta pasados unos días, nadie se dio cuenta.





Estos son algunos de los microrrelatos que forman parte de un pequeño libro que se titula "El imperio de Chu" escrito por Manuel Moyano.
Me crucé de bruces con él la semana anterior dando una vuelta por la feria del libro. El egocentrismo pudo conmigo cuando leí el pseudónimo por el que la mayoría de vosotros me conocéis y tuve que comprarlo. No me importó si el libro era bueno o malo, ni siquiera leí de que trataba hasta que llegué a casa. El que me lo vendió, conocido mío, me dijo que había estado echándole un vistazo y que no le había llamado la atención. Todo lo contrario que me ha ocurrido a mi. He visto que el libro que lleva mi nombre (por cierto, como me gusta eso del imperio) ha resultado ser un encantador conjunto de microrrelatos, algunos buenos, otros no tanto (todo en mi humilde opinión, claro está) pero que en general me han causado muy buena impresión. Me ha gustado.


Os animo a todos a que os leáis esta pequeña pieza. Demos pie al microrrelato.

Se le hacía raro girar la cabeza cuando pasaban con el coche por la carretera principal, para ver si la luz de la chimenea atravesaba las ventanas informando de que había alguien dentro. Como si esperara algo. Pero era una costumbre que tenía desde pequeña y no parecía que fuera a cambiar. También era raro no ver aparcado el coche en la puerta, como era habitual. No estaba mal pensar que ya lo habría guardado en la cochera, porque ya eran horas; pero no siempre era de noche cuando pasaba por allí, y además, sabía perfectamente que no era posible...por mucho que quisiera. Hacía un mes que ni había luces asomando por la ventana, ni coche, ni siquiera el gato. Hacía un mes que todo aquello estaba cerrado, dejando miles de recuerdos de su infancia atrás, tan solo bajo el peso de una llave y un candado. Era difícil asumirlo. Todo había terminado, aunque aún estuviera esperando otra cena, otro verano, otro él.
Ahora ya solo quedaba un suspiro infantil que dejaba vaho en el cristal de la ventanilla del coche cuando pasaba por ahí, sutil y silencioso, en un intento frustrado de que no se notara que su mirada mostraba nostalgia y una pizca de tristeza. No, una pizca no era suficiente para describirlo, realmente le parecía demasiado triste, difícil de asumir.
Por eso, cuando la otra noche pasó por allí y volvió a girar la cabeza, una vez más y como había hecho desde que tenía uso de razón, y vió luces asomando a través de las ventanas indicando que allí había alguien... se asustó. Sabía que no era posible, que tenía que ser producto de su imaginación. Pero era tan claro y tan evidente lo que había visto... No se, se dijo, no está tan mal soñar despierta. No es tan malo creer que pueda estar ahí, aunque solo sea gracias a mi imaginación.
Aún así, un escalofrío recorrió su espalda.
No había gato, ni coche.
Sólo luz.
Y era raro.