Pages

"El siglo XXI me pone cachondo. Ojalá hubiera nacido ahora"
I carry your heart with me
(I carry it in my heart)
I am never without it
(anywhere I go you go, my dear; and whatever is done by
only me is your doing, my darling)
I fear no fate
(for you are my fate, my sweet)
I want no world
(for beautiful you are my world, my true)
and it's you are whatever a moon has always meant
and whatever a sun will always sing is you
here is the deepest secret nobody knows
(here is the root of the root and the bud of the bud
and the sky of the sky of a tree called life; which grows
higher than soul can hope or mind can hide)
and this is the wonder that's keeping the stars apart
I carry your heart
(I carry it in my heart)


Edward E. Cummings
Esta mañana me he levantado con dolor de cabeza, pero no había bebido nada; también tenía dolor en la cadera y una mano completamente dormida. Siempre me despierto retorcido, con la cama deshecha y pasa lo que pasa.
He desayunado mal: un café y dos tostadas; quiero bajar de peso porque Cris vuelve la semana que viene de Rumanía. Aunque a media mañana devoro bocadillos enormes, que es una mierda.
En el autobús se ha sentado, a mi lado, un chaval con la camisa abierta - va depilado- pantalones caídos, cara de haber dormido poco y gafas de sol, todo eso a las seis y media de la mañana. Es guapo, pero yo hubiera preferido una chica. Me gustan los escotes de las mujeres, sobre todo si llevan sujetadores de encaje, de esos que les levantan las tetas.
Los de Planificación enviaron a Cris en busca de contactos, para que les ayuden a montar una fábrica cerca de Bucarest. Reemplazará a la que van a cerrar en Castellón. Son todos unos hijos de puta, incluida ella.
La primera vez que vi a Cris llevaba un escote generoso, sujetador de encaje y sonreía sin parar, mientras explicaba que había visto a Ray Loriga en Madrid, que era muy guapo, simpático y que tenía una novia modelo que se llamaba Eugenia. Era la modelo Eugenia Silva, lo leí en la prensa, pero a mí sólo me interesaba ella. Creo que pasamos de tomar café a tener relaciones, sin transición; al menos lo recuerdo así. Un día me hizo una felación porque le daba pena y otro se metió en mi cama porque le daban miedo las tormentas. Temería el castigo divino por sus pecados, que no eran pocos.
Antes de marcharse, me invitó a la casa que tienen sus padres en Anso, una casa de pueblo muy confortable, con unas vistas al valle inigualables. Volvió a chupármela cuando estaba mirando por la ventana porque, me dijo muy seria, le cabreaba que prefiriera la mierda de las montañas a su cuerpo. Después me hizo dormir todo el fin de semana en el cuarto de invitados.
Pensando en ella me ha pasado el día entero, tenía ganas de llegar a casa. Al abrir la puerta me he encontrado a Mila, mi vecina, tiene unos veinte años y se saca en una semana lo que yo en un año, trabajando en un burdel del Born para gente con posibles. Aunque siempre dice que, lo que de verdad le pone, es ver a los hombres agotados, indefensos. Y rechazar sus propuestas románticas.
Mila me ha invitado a cenar a su casa, cocina extraordinariamente bien, canta como los ángeles y me gustaría mirarla de otro modo: es lista, simpática, guapa...Pero su escote me aleja de toda bondad. Ha preparado un plato de arroz típico de su pueblo, que está en el Sur y, por lo que explica, tiene más de ciudad pequeña que de otra cosa. Llegó de allí hace cinco años, para hacer el doctorado con un catedrático conocido de la familia, que intentó acostarse con ella desde el primer día. Mila se lo contó a la mujer, que era del Opus y para evitar el escándalo, le paga el alquiler todos los meses. Nunca he advertido en ella rastro alguno de arrepentimiento. Claro que Mila es psicóloga y sabrá como disimular estas cosas. Es algo que me molesta, porque se habrá dado cuenta del efecto que me producen sus visitas a mi terraza para tomar el sol y, en cambio, yo no sé porqué ella amamanta a una muñeca y canta sin parar cuando se pone nerviosa. No me parece muy normal que una psicóloga haga estas cosas.
La semana que viene, cuando Cris vuelva, haremos planes para las vacaciones.
Me he despertado a media noche porque me ha enviado un mensaje: es una foto de su escote. Acaba de llegar al aeropuerto, ha adelantado su regreso y no quiere ver a su familia hasta el próximo lunes, por lo menos. Me visto, llamo a un taxi y voy a buscarla. Le dan miedo las tormentas y coger el taxi por la noche. Algunos taxistas tienen malas intenciones - dice- . Probablemente no ha conocido muchos ingenieros, periodistas, o banqueros - o médicos-.
Cuando salgo de casa, oigo como Mila canta a su muñeca; esta mañana defenderá su tesis. Me ha dejado una nota por debajo de la puerta con la dirección de la Facultad, el día, la hora de la lectura y un croquis para llegar al Salón de Grados.
La madrugada está lista para mí, podría perderme en el frío y huir de todo. Buscar otro sitio. Me envía otro mensaje, ha empezado a llover en el aeropuerto y ha oído tronar. Otra foto. El taxi tarda media hora en llegar al aeropuerto, porque la ciudad está imposible con las obras. Cris me besa en la mejilla, le da vergüenza que nos miren. Pero estamos solos.
No hablamos durante el trayecto, la noche es espléndida. Al llegar a casa se acuesta enseguida, yo salgo a la terraza para ver desperezarse a la ciudad y Mila sigue cantando:
" Autumn in New York, what does it seem so inviting?
Autumn in New York, it spells the thrill of first-nighting..."



Este texto ha sido escrito por mi primo, Jove Kovic, al que agradeceré eternamente el que escogiera mi último post como inspiración y que me haya dejado postear sus palabras aquí.
Es cierto. Siempre me había gustado ese momento postcoito en el que ves al hombre exhausto, sudado, con los ojos cerrados y la boca entreabierta intentando coger todo el aire que le faltó durante el acto. Cada eyaculación masculina era, dentro de mi ritual sexual, un triunfo. Como esos cazadores que cuelgan las cabezas de sus piezas en sus salones, mostrando a sus amigos lo machos que son, por haber conseguido que semejante animal cayera rendido a sus pies, aunque solo fuera a base de violencia. Sí, me gustaba, me hacía sentir poderosa. Yo he llevado los pantalones en cada una de mis relaciones sexuales y eso me hacía sentir bien. Cuando en el trabajo tienes a un capullo por jefe gritándote constantemente porque, según él, todo lo haces mal -aunque en realidad seas tú la que deberías gritarle a él por ser, el pobre, tan sumamente inútil-, acabas hasta las narices y te apetece ser dueña y señora de lo que mejor se te da: el sexo.

He sido soltera desde que tengo memoria. Recuerdo haber tenido un par de novios durante la adolescencia, lo suficientemente idiotas para darme cuenta de que no iba a necesitar más hombres en mi vida. Supongo que, con estas experiencias, aprendí que sólo requería la presencia masculina para mantener una adecuada vida sexual. No follar es malo, eso lo sabemos todos, y nunca he estado dispuesta a que el estrés y la ansiedad me aumentaran por esto. Era mi medio de desahogo, mi liberación, mi alterego en su máximo esplendor. Cada fin de semana conocía a algún pichafloja, pobres desesperados de barra de bar, al que no me costaba ligarme. No es que sea modelo, pero la naturaleza ha sido buena conmigo y soy lo suficientemente atractiva para conseguir a chicos más o menos guapos y si es posible, con un nivel económico medio-alto. Siempre he sido un poco caprichosa, y me gusta cenar -en un buen restaurante al ser posible- antes de echar un polvo. Hay que coger fuerzas, y esto no todos pueden permitírselo, de ahí que fuera bastante selectiva con los hombres a los que dejo que pasen por mis piernas.

Tengo la suerte de vivir en una gran ciudad a la que me mudé hace cinco años; nací en un pueblo y todo el mundo sabe como funciona esto. Hagas lo que hagas, o incluso si no haces nada, al día siguiente todo el mundo creerá saberlo todo sobre ti y comenzarán las habladurías. En realidad, siempre me ha dado igual, pero no a mi madre; y preferí ahorrarle disgustos innecesarios, ya que, por mucho que me lo pidiera, jamás iba a cambiar mi comportamiento. Me gusta ser como soy. Y eso es algo que valoro mucho. Que todos deberían valorar mucho.

En fin, ahí tenía a mi lado al último, tumbado en la cama, en mi cama. Tenía los ojos verdes y parecía inteligente, aunque no me iba a permitir el lujo de conocerle, no iba a darle esa oportunidad, ni a él ni a mi. No por nada, el sexo había sido genial, habíamos probado muchas y variadas posturas e incluso diría que se había esforzado en hacerme sentir bien. Ese era el problema, que lo había conseguido. No sólo me había proporcionado múltiples orgasmos en la misma noche, sino que por primera vez en mi vida, hasta me había sentido especial. No se que pasaría por su cabeza en esos momentos, ni se lo quise preguntar, ni lo haría nunca (o ese era mi plan) pero algo había en ese chico, no se si su forma de tocarme, o quizás la de mirarme... durante esos momentos sentí algo en mi estómago diferente a todo lo que había vivido antes, y contra todo pronóstico, me gustó.

Normalmente, tras una buena -o mala- noche de sexo, mandaba al chico en cuestión a su casa, con alguna excusa bien definida que sonaba, necesariamente a eso, a excusa. Y sólo pedía el teléfono si la noche había sido para fuegos artificiales. Aún así procuraba no hacerlo, no tenía tiempo que perder y había muchos hombres por conocer, hasta este último día. Mientras lo tenía ahí tumbado, a mi lado, durmiendo como un bebé, sentí la necesidad incontrolable de abrazarle, darle un beso en el cuello y rogarle, por favor, que se quedara conmigo, para siempre. Por supuesto no iba a hacerlo, desde pequeña aprendí a la fuerza, a controlar mis impulsos y mis sentimientos, de ahí que pareciera, siempre, bastante fría y calculadora. Pensaba que él, por su parte y según la forma en que me habló durante la cena, sería como yo, y no me pediría ni el teléfono ni me diría de volver a vernos. Suponía que su idea inicial sería follarme, dormir, darse una ducha y largarse a su casa. Y aunque por primera vez no estaba de acuerdo, me parecía bien. Era un buen plan. Y lo habría seguido siendo sino fuera porque, mientras sentía deseos irrefrenables de quedarme junto a él eternamente, se despertó, me miró, me dio un beso en los labios y me dijo "Quiero pasar el resto de mi vida contigo".
Quizás ver su nombre tallado sobre un trozo de mármol hubiera servido a cualquiera para asumir lo que había pasado, pero no era suficiente para él. Aun así, no cesaba en su insistencia de visitarle y llevarle flores, de dudoso gusto por cierto, por si acaso se le abrían los ojos, o la mente, y conseguía seguir adelante. Vivir así resultaba demasiado duro, hasta para quien ya no tenía nada que perder.
No sabía en que fase del duelo, de esas que dicen los psicólogos, se encontraba. Y le daba igual. No conocía la teoría de las cosas, ni si el ritmo de mejora era el adecuado. Solo sabía lo que él sentía, por las noches, cuando ya no había distracciones y se encontraba cara a cara con la profundidad de su alma, cada vez más vacía.
Estaba jodido. No podía mirar sus fotos porque sufría, pero sufría también al pensar que podía olvidarse de su rostro, o peor aún, pensar que ella le había olvidado a él. Le resultaba durísima la idea de no volver a verle, besarle y hacerle cosquillas, de no comer esas patatas asadas tan buenas que sólo ella sabía hacer y que cenaban siempre junto al brasero, como si de un ritual se tratara. Pero lo que más triste le resultaba, lo que un dolor más agudo le producía, era pensar que hasta hace poco habían estado juntos, y la última vez que le vió, la última vez que se miraron a los ojos, se le olvidó decirle te quiero. Y desgraciadamente para él, ya no iba a tener más oportunidades de hacerlo.

Si... esto dolía, y mucho.

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que:

  1. Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.
  2. La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.
  3. La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.
  4. La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.
  5. Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.
  6. Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.
  7. Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.
  8. Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.
  9. Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.
  10. En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.